NAKEDNESS
Kenneth Clark señalaba en su momento la importancia de la necesidad de establecer una distinción entre dos realidades que la mayoría de los idiomas tienden a confundir: la lengua inglesa distingue entre el desnudo corporal (the naked) y el desnudo artístico (the nude).
La desnudez corporal es aquella en la que nos encontramos desvestidos, despojados de nuestras ropas; por lo que tal expresión entraña en cierta medida el embarazo que experimentamos la mayoría de nosotros en dicha situación. La palabra nude, el desnudo, no comporta, en su uso culto, ningún matiz incómodo. La imagen vaga que proyecta en nuestro espíritu no es la de un cuerpo encogido e indefenso, sino la de un cuerpo equilibrado, feliz o lleno de confianza: es en definitiva el cuerpo celebrado por el arte.
De acuerdo con estos conceptos podemos afirmar que no es lo mismo estar desvestido que estar desnudo, aunque es evidente que esta dicotomía puede ser bastante compleja y tiene connotaciones sociales e ideológicas que van más allá de su visión puramente artística y estetizante.
Por otro lado, y ante todo, la desnudez es algo siempre relacionado en forma directa con el punto de vista, con la visión particular del espectador que contempla esa desnudez: a lo largo de la historia de la pintura como medio de representación del cuerpo podemos constatar la implicación de que el tema (casi siempre una mujer) es consciente de que la contempla un espectador.
Esto quiere decir que ella no está desnuda tal cual es. Ella está desnuda como el espectador la ve. Este aspecto social y subjetivo de la desnudez es fundamental.
Todo desnudo, de una u otra manera, se manifiesta como un posible golpe directo a nuestra percepción. El cuerpo parece siempre que nos interpela y nos habla directamente. De alguna forma no podemos llegar a ser totalmente indiferentes ante la corporeidad. En consecuencia "el desnudo permanece siempre convencionalizado". La diferencia básica entre los dos estados posibles de desnudez consiste, a grandes rasgos, en estar desnudo (naked) para uno mismo o ser un desnudo (nude) para un grupo impreciso de espectadores.
Nuestra cultura responde a un complejo sistema de valoraciones más o menos subjetivas sobre las concepciones posibles de la desnudez. Incluso podemos observar que, al igual que en otras sociedades, nuestra visualización del desvestimiento de una persona depende en ocasiones menos de la cantidad de ropa que la persona lleva, que del contexto en el cual su corporeidad se manifiesta.
En ese sentido se debe recordar siempre que en una imagen es normalmente menos importante la significación precisa de la misma que todas las connotaciones que parecen adherirse a ella. Toda imagen es un conjunto de signos que entran dentro de un marco de referencia preexistente que la explica. Cuando se habla del desnudo representado se debe recordar siempre que este desnudo funciona, sobre todo, como una cuestión de tipo semántico. En este tipo de imágenes la desnudez se expresa, se señala o se niega siempre por medio de signos convencionalizados, los mismos que están determinados socialmente. Pero, al mismo tiempo, se debe recordar siempre que un signo significa tanto por su presencia en un texto o en una imagen, como cuando por su ausencia es puesto en evidencia. Si el desplazar un signo lo hace visible, el no presentarlo en el lugar que le corresponde, lo vuelve más evidente que su simple presencia. La costumbre hace las cosas invisibles. Por eso no siempre basta con mostrar algo para realmente mostrarlo.
El proceso de significación implica la relación de un signo con su contrario y con su opuesto, relación que puede ser implícita o explícita. Así, el desnudo sólo existe como tal en relación a lo vestido. Lo vestido está en cierta forma implícito en el cuerpo desnudo, por su negación, pero puede también ser explicitado por la cercanía de un cuerpo no desnudado, lo que vuelve el signo de la desnudez más violento y significante. La desnudez implica la posibilidad del vestido, y viceversa. Considerando esto podemos pensar en el proceso como un juego dentro del cual lo desnudo y lo no desnudo, lo vestido y lo no vestido, se relacionan a través de una red de implicaciones, contradicciones y oposiciones.
La propuesta del presente trabajo pretende acercar al espectador al encuentro de ese juego surgido de la existencia en un mismo plano de un cuerpo desvestido con cuerpos no desnudos. En las imágenes del proyecto la percepción o la apreciación personal que tenga el observador dan significación social a las mismas. Son los elementos los que hacen significante al significado. Los cuerpos desnudos / desvestidos exhibidos se ven a la vez humillados, exaltados y arrojados al ojo del espectador. La relación existente entre los individuos vestidos y los que no lo están, es dada a conocer al espectador a través del contexto en el que se desarrollan las acciones de las imágenes. Y es aquí cuando se subvierte el consciente óptico del observador, pues esa relación es cuestionada por la presencia de los individuos que no están desvestidos, quienes acentúan aún más la desnudez de los modelos. Hilando fino podríamos afirmar que son ellos los verdaderos protagonistas de la escena y no los que están desnudos.